Me oprime las piernas, y mucho.

Ahora mismo estoy volando de Copenhague a Madrid, vuelo JK 026 de Spanair. Es viernes por la tarde, y como no es de extrañar el avión está a tope. Mucha gente, muchas bolsas.

Normal.

Pero llego a mi asiento, el 18D (siempre pido pasillo, me gusta tener un poco de espacio al menos en un lateral), y me encuentro con que al sentarme encajo exactamente en el espacio provisto. Ni más ni menos, estoy absolutamente encajado, como una pieza de un puzzle. No puedo moverme un milímetro.

No soy una persona alta (mi madre dice que sí, pero claro, es mi madre), ni especialmente fornida (mi madre otra vez disiente).

Como no tengo un metro, he medido el espacio en palmos. Entre mi respaldo y el asiento de delante hay exactamente 2 palmos y medio.

Pero lo mejor está por llegar.

El pasajero de delante mío, de pronto, reclina su asiento. Las piernas me crujen, e instintivamente empujo el asiento para adelante, cuando ya tenía su cogote en mi boca.

Pero bueno, el que ha decidido que un ser humano cabe en dos palmos y medio, ¿ ha probado a sentarse así durante tres horas ? He mentando a sus muertos todo el viaje. A todos.

Pero seguimos.

Pido la hoja de reclamaciones. Desconcierto. Me responde la azafata que qué raro, que este es uno de los aviones más grandes que tienen. El otro debe ser el de los pitufos entonces. Yo sólo acierto a decir un — “por favor ………” — e insisto en la hoja.

Tras pensarlo, desaparece y vuelve con una hoja en blanco con el membrete de Spanair, un nombre de un “Departamento de atención al cliente” (ese soy yo; el cliente me refiero) y un código postal en Palma de Mallorca (el 50086). Y ya está. Ni email (que inocente que soy a veces), ni página web, ni formulario oficial con copia y número de referencia para que podamos seguir la reclamación, ni nada de nada.

Evidentemente no puedo estar seguro, pero me apuesto mi pierna izquierda (la derecha no, que a estas alturas ya no la siento) a que si entrego este mísero papel sin sobre a la azafata nunca llegará a su destino. O a que en todo caso nunca me llegará a mi una respuesta. Porque es que está en blanco, por dios. Me lo guardo para fotografiarlo luego (ahora estoy yo como para sacar fotos) y ponerlo junto a este artículo, porque nada más verlo me he sentido como dicen en los contestadores: ” su opinión es importante para nosotros”.

Enhorabuena Spanair. En serio. Menos mal que al menos no dan ya servicio de comidas a bordo, porque me iba a comer el bocadillo con la caspa del pasajero de delante.

Y una aclaración: soy un pasajero sufrido. Viajo mucho, he tenido varias tarjetas oro de pasajero frecuente, y aguanto muchas cosas. Aunque cada vez menos, debe ser la edad, ….. o que las compañías se pasan ……

En este caso no es la edad.

Cuando terminaba este post, el danés que se sienta a mi lado ha pedido al de delante suyo que le quite la calva de la boca, que no puede respirar. Típica pelea de las de que yo me reclino si quiero, pero es que yo no puedo respirar, que a mi que me cuentas, que yo he pagado mi billete como tú. Vergonzoso.

Actualizado: El avión de Spanair, un Airbus A 320, tenía 28 filas de asientos. Acabo de mirar en Seatguru, y United usa el mismo avión, pero CON 26 FILAS de asientos. No me extraña que fuéramos prietos.

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