Si hay algo que me pone tenso es la gente que firma todos y cada uno de sus correos con un “disclaimer”, una frase creada por el departamento legal de su empresa que básicamente dice algo así:

Este mensaje y sus anexos pueden contener información confidencial y están exclusivamente dirigidos a sus destinatarios, quedando prohibida su divulgación, copia o distribución a terceros. Si ha recibido este mensaje por error, por favor, notifíquelo inmediatamente al remitente y bórrelo de su sistema. El correo electrónico vía Internet no permite garantizar ni la confidencialidad de los mensajes ni su correcta transmisión. Las opiniones expresadas en este mensaje son las de su autor y no necesariamente las de la Compañía que no se responsabiliza de su contenido.

Y no solo esto, sino que ahora se ha puesto de moda repetir la misma cantinela en todos los idiomas autonómicos y en inglés, por si no estaba claro.

Vamos, que para decir: “Sí”, hace falta enviar un email de 18 páginas.

¿ Y para qué ? para nada. Para que los abogados se crean que han hecho su trabajo. Legalmente seguro que hay miles de argumentos para explicar que esto es una soberana majadería. Pero aparte de eso, ¿ dónde está el sentido común ? ¿ Hace falta repetir eso cada vez para protegernos las espaldas ? ¿ Hace falta inundar a la gente de texto inútil ?

Pero para que no se me acuse de nagativo, propongo una solución para abogados: en vez de poner todo el texto, añadir al final un enlace, del tipo: “disclaimer”, que nos lleve a una página con el disclaimer en todos los idiomas del mundo mundial, para que no haya dudas de que han hecho su trabajo. Pero al menos, que no me inunden la pantalla de texto redundante.


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