El otro día estaba en una oficina pública. Estaba haciendo cola para pedir hora para el médico, en plena era de internet.

Eran las 19:20. Yo llevaba unos 10 minutos de cola, era el segundo en la fila, y cerraban la oficina a las 20:00. Vamos, que faltaban unos 40 minutos, y la cola había crecido hasta unas 8 personas.

En esto, la única persona atendiendo al público grita:

- “¡ Aviso ! ¡ Yo a las 19:45 cierro, que tengo que apagar los ordenadores y recoger !

Así, como suena, ni por favor, ni disculpen, ni nada. Un simple grito, que comienza con un “¡ Aviso !” y un tratar a la gente como borregos. Y no me voy a extender en lo de “que tengo que apagar los ordenadores”, esa fabulosa tarea que le lleva 15 larguísimos minutos …..

Nadie contestó, pura cobardía (yo tampoco, también soy un cobarde).

Pero me dejó pensando sobre porqué hay tanta gente que abusa del pequeño poder que tiene. Como la misma gente que se queja de como le tratan otros, en cuanto puede abusar, usa las armas que tiene a mano y las utiliza.

Y me refiero no solo a funcionarios, que son un ejemplo claro (”ahh, pues si no tiene ese papel, yo no le voy a poder ayudar”, como si te hicieran un favor, y como si ese papel fuera importante), sino a mucha más gente: el del taller del coche, que te lo entrega un día más tarde solo para joder; el de la pastelería que te hace esperar unos segundos de más; la broma que hace el obrero al inmigrante negro, etc, etc.

De hecho, cuanto menor es el poder de esas personas, mayor es el abuso que hacen del poco poder que tienen.

Curioso, sobre todo porque esas personas luego son las primeras en quejarse cuando se abusa de ellas, y no ven o no quieren ver sus propios abusos a terceros.

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